[Bioparc Valencia] Gran reportaje fotográfico en el Levante-EMV

De safari en Valencia

El tamtan y los rugidos del león ya se oyen en el Parque de Cabecera. Bioparc Valencia, un zoo de inmersión que recrea los hábitats de la Sabana, Madagascar y los bosques africanos, se prepara para abrir sus puertas a partir de enero.

H. G., Valencia
Los animales del Bioparc de Valencia, el nuevo zoo municipal de gestión privada ubicado en el Parque de Cabecera, se han aclimatado perfectamente a su nuevo hogar. Llegados mediante un complejo operativo de traslado que ha durado casi un año desde distintos zoos europeos y desde del antiguo y ya clausurado recinto de Viveros, leones, rinocerontes, cebras, hienas, impalas, gorilas, marabús, facoqueros y otros animales de 250 especies africanas campan ya a sus anchas por lo que hace unos años eran terrenos de huerta. Este diario ha accedido al Bioparc para mostrar en exclusiva el interior del zoo al que se accede por la plaza de encuentro con tiendas y restaurantes ubicada en la avenida Pío Baroja. Desde aquí arranca una pasarela atirantada de madera y acero blanco -considerada «la primera atracción del zoo»- que permite el tránsito de la ciudad a la selva africana y además brinda una nueva panorámica de la ciudad.

Tras cruzar el puente, el visitante llegará a un aula educativa donde le prepara, con audiovisuales y proyecciones, para lo que va a ver. El safari empieza por la región de la Sabana donde el visitante se encontrará con un grupo de cebras, rinocerontes, avestruces, jirafas y marabús viviendo en el mismo recinto. A través de unas grutas artificiales conocerá la vida subterránea en un termitero de la sabana poblado por facoqueros, mangostas, oricteropos y puercoespines y vigilada de cerca por una familia de hienas.

El bioparc recrea a continuación la región del Kopje, donde se encuentra la estrella indiscutible del zoo de Valencia, el león Keops, un macho joven cedido por el zoo de París que todavía está adaptándose a sus compañeros de recinto: una leona y otro macho adulto procedente de Viveros. Este león empieza a superar los problemas de caída de pelo con los que llegó al Parque de Cabecera. El director del Bioparc, Koen Brouwer, destacó el «trabajo extraordinario» realizado por los cuidadores de Viveros teniendo en cuenta as limitaciones de espacio de este recinto que funcionó de manera provisional durante 40 años y pasaba por ser el más pequeño de España.

Durante el recorrido el visitante sentirá la cercanía de los animales -Brouwer incide en que «lo bueno del Bioparc es que los animales disfrutan de un recinto muy grande y a la vez están muy cerca del público»-. En el aviario y la región de Madagascar -en la que residen siete especies distintas de lémures- el público y los animales podrán entrar en contacto directo.

En dos años, cuando el paisajismo esté totalmente desarrollado, la inmersión será completa y las torres de viviendas que sobresalen al fondo de algunos cobijos del zoo quedarán totalmente ocultas. Así lo espera el director del zoo, quien destacó la importancia de la vegetación y la tematización del recinto, pensada al milímetro para asegurar el bienestar de los animales reproduciendo lo más fielmente el hábitat original y garantizar la seguridad en el recinto. En el bioparc las barreras que separan a los animales del visitante son casi imperceptibles.

Barreras vegetales, pantallas de cristal blindado, cascadas y ríos artificiales -con agua sin tratamientos químicos para que los animales puedan beber directamente- o roquedos lo suficientemente elevados para que especies campeonas de salto como los lemures no puedan escaparse son algunas de las fronteras invisibles de este zoológico. La sensación visual será que las hienas y las cebras están juntas, sin embargo un foso seco infranqueable para las primeras -que no pueden saltar porque tienen las patas traseras mas cortas que las delanteras- les separa.

El recinto nace con vocación de volcarse en la conservación de especies amenazadas como el gorila y el elefante africano, a través del Programa Europeo de Reproducción auspiciado por la asociación Europea de zoos (Eaza).

El ayuntamiento ha dado finales de enero como última fecha para la apertura del recinto cuya puesta en marcha, prevista para finales de este año, se ha retrasado por las obras del colector norte en Pío Baroja. En Bioparc, que en conjunto suma 95.000 m2 de superficie, y donde todavía está por desarrollar el área dedicada a Asia y América, dan los últimos retoques a la región del África Ecuatorial, donde vivirán leopardos, gorilas, primates e impalas.

El Bioparc pondrá a la venta pases anuales

H. G., Valencia
El precio de la entrada del Bioparc es uno de los secretos mejor guardados de los gestores del zoo que insisten en que «no va a ser un sitio para privilegiados» y que «serán precios asequibles para todos». Sirva como referencia que en el estudio económico del proyecto inicial del Bioparc se barajaban 15 euros para la entrada de los adultos y 10,5 para los niños. El zoo de Fuengirola, gestionado como el de Valencia por Rain Forest, cobra 14,10 y 9,70 euros, aunque es más pequeño. De allí podrían importarse ideas como las audioguías en distintos idiomas o las visitas nocturnas. La dirección del zoo de Valencia quiere poner a la venta pases o abonos anuales y también está estudiando actividades lúdicas, como los «Desayunos con el cuidador» que son visitas a primera hora para ver como despierta el zoo. Todo eso para fidelizar al visitante, en especial, a los valencianos. «Esperamos que venga mucha gente, pero no podemos dar una previsión de cifras porque no hay ningún referente en la ciudad», comenta el director del Bioparc, Koen Brouwer, ex secretario de la Eaza. Este biólogo holandés asegura que «el Bioparc tiene que influir en la sociedad y debe ser una plataforma para concienciar a la gente de que hay que proteger a los animales y al medio ambiente».

El Bioparc destinará una parte de los beneficios que se obtengan por la venta de souvenirs a la conservación de los hábitats de especies amenazadas. También aceptará donaciones de empresas y particulares. El zoo, que forma parte de un complejo de gestión privada que incluye un aparcamiento de 700 plazas y el parque de atracciones, ha costado 21,6 millones de euros. El Bioparc no aspira a competir con el Oceanogràfic sino a completar la oferta lúdica.


Fuente: Levante-EMV

 

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