[Bioparc Valencia] De zoo a zoo (1965-2008)

De zoo a zoo (1965-2008)

Martín Quirós

Dicen que a lo largo de la historia de la humanidad Dios sólo ha permitido que le venciese un hombre: Job. Y lo hizo para dejar expresa constancia bíblica de la importancia que Él otorga a la virtud de la paciencia. Los valencianos también tenemos a nuestro Job. Es el Profesor Ignacio Docavo Alberti que tras 43 años de luchas, adversidades, contradicciones y disgustos ha visto recompensada su espera con la coronación de su proyecto: El Bioparc Ignacio Docavo.

La aventura comenzó cuando el Profesor era un apuesto joven de 37 años, con empuje y horizontes vitales suficientes para avalar un proyecto de esta envergadura. Nada hacía presagiar que contemplaría el final con los achaques propios de sus 84 años bien cumplidos. Pero en política es sabido que para ver los proyectos terminados es imprescindible que Dios nos otorgue larga vida. Como a Don Ignacio.

Solo con una dilatada supervivencia se superan las aventuras sufridas bajo los mandatos de siete alcaldes, soportando los vaivenes de las opiniones políticas que llegaron a proponer nada menos que 23 distintas ubicaciones definitivas para el zoo. Al no disfrutar de esta virtud, por el largo camino quedaron entusiastas colaboradores como Manuel Sangüesa, Miguel Gil Corell, Juan Terrádez o Fernando Coquillat a quienes debo el homenaje por su trabajo ilusionado.

Pero a pesar de todo el zoo seguía su andadura, resistiendo a críticas o maniobras más o menos limpias de ideólogos trasnochados, porque el secreto poder del zoo siempre fue su fuerte vinculación con los ciudadanos. Cada nuevo inquilino que llegaba se recibía con una fiesta infantil y bautizo con el nombre que por votación escogían los niños valencianos. Siempre desfilaba su carroza en la cabalgata de Reyes y semanalmente recibía centenares de alumnos acompañados de sus profesores.

No extrañó a nadie que cuando apareció el riesgo de su cierre la respuesta se concretase en cien mil firmas de niños que pedían su continuidad, porque el zoo para ellos era un punto de vital referencia, como el Micalet o la Lonja. Significaba su personal cultura y encuentro con los recuerdos de sus visitas de la mano de sus padres o abuelos, junto a hermanos, primos o amigos. Y esos puntos de referencia son la argamasa esencial de nuestra personalidad que todos procuramos mantener como sea.

En mis tiempos de diputado se hizo célebre la enmienda presupuestaria que todos los años presentaba solicitando financiación para el zoo, que entre bromas y cierta amable expectación se abrió paso gracias a la deferencia del entonces Conseller de Economía, Aurelio Martinez.

El zoo tuvo que superar dos difíciles momentos en 1996, cuando se contempló seriamente la idea de su cierre definitivo, que fue respondida el día 1 de junio con un encierro en la jaula del puma de los miembros del Rotary Club Vicente Oltra, Salvador Chanzá y Roberto Escribá que nos acompañaron a los políticos Társilo Piles, Fermín Artagoitia, Martínez Marco y el que esto suscribe, junto a las 100.000 firmas de los niños valencianos que solicitaban su ampliación.

A los seis días, el 7 de Junio la alcaldesa convocó una magna reunión para decidir su futuro. Recuerdo que intervine solicitando unas aclaraciones previas, para que se decidiese sobre su carácter urbano o metropolitano, ya que en el primer caso se podía continuar la reunión y en el segundo habría que celebrarla en el ayuntamiento que se propusiera como localización. Se aprobó por unanimidad su carácter urbano. Algo se había ganado. Seguidamente, que se votase su localización que yo entendía en el Parque de Cabecera como único lugar factible, lo que se decidió que quedase en estudio para valorar el alcance del coste de los solares a expropiar. El primer paso estaba dado. Pero tendrían que pasar cinco años más y realizar una ampliación y dignificación del recinto, hasta conseguir ver aprobado por el Pleno Municipal la construcción del Bioparc Ignacio Docavo, en sesión del día de San Pedro del año 2001.

Siete años más tarde veremos culminado el proceso con la inauguración de uno de los mejores del mundo, con 4.000 ejemplares de 250 familias diferentes que van a sumarse a los atractivos que Valencia ofrece a sus ciudadanos .

Es una obra que hará época y atraerá muchísimos turistas. Si a nuestro pequeño zoo de siete mil metros cuadrados compartidos por animales y visitantes -solo había en Almendralejo otro más pequeño- vinieron mas de quince millones de personas, lo que espera al Bioparc Ignacio Docavo será para verlo.

A la paciencia, desde ahora habrá que añadir otra virtud que en éste proceso fue fundamental; la de la constancia. Una para soportar adversidades, la otra para seguir en la brecha. Y para Docavo aplicarle aquello de «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos». Pues que aproveche amigo Ignacio y mucho almax.

* Ex concejal de Valencia y miembro del patronato de Ciencias Naturales.

Fuente: Levante-EMV

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No hay respuestas

  1. Pinpon dice:

    Muy bien por el profesor y su teson, pero si no es por Rain Forest, nada de nada, vale que han tenido el solar pero los sesenta kilos los ha puesto rain forest y ninguna asociacion ha puesto un duro y mucho menos el profesor, ni ayuntamiento ni concejal ni estado, y nadie se arriegaba a ese pastizal asi como asi, hasta que el señor Maldonado, Gerente de Rain Forest, aparecio por Valencia y se entero de como estaba viveros y que Valencia necesitaba un buen zoo, he hizo lo mismo que con el zoo de Fuengirola, de un zoo cutrisimo hizo uno de los mejores zoos de europa «que no el mas grande ni muchisimo menos» con su dinero y con su equipo de trabajo.
    Felicidades don Jose Maldonado.
    Decir que El profesor Ignacio, no ha intervenido absolutamente para nada, ni en la concepcion ni en el diseño de este magnifico Bioparc.

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