[Bioparc] África en el corazón de Valencia

África en el corazón de Valencia

El Bioparc permite a los visitantes sumergirse en el estilo de vida de los animales en condiciones salvajes

14.12.08 – J. L. MORALES | VALENCIA

¿Quién no ha soñado alguna vez poder ver en su hábitat un león de la sábana africana? ¿O dos rinocerontes festejando? Desde hace aproximadamente un año ello es posible en el propio corazón de la ciudad de Valencia, en el Bioparc, un parque zoológico gestionado por rainforest -una compañía especializada en este tipo recintos- que, según se define, es singular en Europa.

El Bioparc trata de ser una gran aula de la naturaleza de 10 hectáreas a la que se suman tres centros interpretativos y dos aulas de apoyo, además de un extenso grupo de educadores y monitores que articulan un mensaje adaptado a cada uno de los tipos de públicos. Así, se organizan visitas educativas para colegios, y campamentos en periodos vacacionales. Ya lo hizo el verano pasado, y volverá a realizarlo estas navidades, articulando un campamento para chavales durante las vacaciones, donde disfrutarán de la naturaleza.

Entrar en el concepto del Bioparc es una inmersión en otro mundo sin abandonar la ciudad. Para ello, los promotores del concepto del parque han cuidado todo su diseño, de forma que el visitante dé un salto del mundo civilizado al de la naturaleza a través de un puente modernista de 145 metros de longitud sobre el lago artificial construido en el parque de Cabecera, a la entrada del río Turia, y que se configura como una barrera que aísla el hábitat animal de la civilización.

Desde que el visitante cruza el puente de la civilización los únicos sonidos que se oyen son los de la naturaleza o los de los propios animales, evitando incluso el ruido de los automóviles y los atascos, y así se descubre la complejidad de los ecosistemas naturales observando los misterios de la naturaleza, y cómo los animales se mueven y conviven en su propio hábitat.

Según relata su directora de Comunicación, Josefa Crespo: «Queremos difundir, educar y sensibilizar a la población de forma medio ambiental a través de la inmersión en el hábitat animal como la vía de aprendizaje y entretenimiento para poder desarrollar el amor por los animales y sus ecosistemas».

Y ello, se trata de transmitir, desde que el visitante entra en este peculiar parque zoológico, pudiendo adentrarse en la extensa sabana africana, entre rebaños de antílopes, jirafas y rinocerontes, mientras los leones dominan la gran pradera desde su atalaya rocosa, donde revisan a sus presas.

Además de descubrir la vida que se desarrolla en el subsuelo, en torno a las termitas, recorrer las madrigueras o aventurarse en la espesura del bosque ecuatorial en busca de gorilas, rodeado de búfalos y leopardos, siguiendo la senda de los elefantes o recorrer la isla de Madagascar, entrando en contacto directo con sus especies. Todo ello, sin salir de la metrópolis valenciana a escasos metros de grandes superficies comerciales y deportivas.

Cuando el visitante se adentra en el parque, percibe un mundo diferente convirtiéndose en un actor secundario, percibiendo la sensación de estar de visita en casa del otro, en este caso de los animales que conforman el parque, y que se relacionan entre sí en completa libertad en los límites de seguridad.

Inmersión

Ello produce que el recorrido nunca sea igual, ni siquiera en una misma visita, «pues, un animal en cada momento puede estar en un lugar distinto dentro su zona, dependiendo de la hora solar, la sensación térmica», explica Josefa Crespo, «lo que es la seña de identidad principal del parque».

Esta percepción de inmersión que el visitante percibe durante su estancia en el complejo se da en casi todo el parque, y empieza especialmente en las zonas de la sabana africana, al comienzo del recorrido, donde se concentra la mayor parte herbívoros de todo el mundo en un recreado bosque de acacias y praderas pobladas de jirafas, grullas, cebras, impalas, blesbok, marabús… De ahí se pasa a una torrentera, inspirada en paisajes de Samburu, que albergar a un grupo de rinoceronte blanco sureño.

La sabana también tiene vida subterránea, que está reproducida en parque, y a la que pueden penetrar los visitantes a través de madrigueras construidas por los oriceropos, un singular animal que se alimenta de hormigas y termitas, y que sirven de albergues para jabalís, que comparten madrigueras con zorros orejudos, y otra serie de animales noctámbulos que el visitante puede observar mientras duerme de día.

Más allá, están reproducidas las formaciones graníticas (kopje), rodeadas por un mar de hierba, y en ellas, descansan los leones frecuentemente. En estas extensiones también se encuentra un aviario, donde el visitante puede disfrutar de la cercanía de aves exóticas.

Cerca de zona, se reproduce un palmeral inspirado en el parque natural de Amboseli (Kenya), o el bosque de baobabs, una especie arborea sin hojas, típica de la sabana africana, donde habita una manada de elefantes africanos, que se pueden percibir de distintas formas: paseando, bañándose o en las tradicionales luchas de barro.

La segunda gran zona es el África ecuatorial, reproducida por bosques primarios lluviosos, combinados con claros de bosque obai, y que supone un hábitat que contrasta con el anterior. Aquí se puede compartir espacio con especies como bongo, búfalos rojos y una piara de potamoqueros. Su depredador habitual, el leopardo, también es observado en esta zona, aunque con barreras físicas para que no puedan correr peligro.

En esta zona, y desde un enorme tronco suspendido en el aire, se percibe el área dedicado a pequeños y grandes simios que, con 3.269 metros cuadrados, es una de las mayores de Europa. Aquí se produce un contacto poco usual entre humano el gorila, pues este camino discurre por encima de donde pasa el simio. En el claro de bosque concluye con un espacio que comparten mandriles, talapoines y cercopíteros, y donde el humano convive con ellos, separados por río del hipopótamo pigmeo y antílopes sitatunga.

La tercera zona, y final de recorrido, es la isla de Madagascar, donde se percibe su fauna y flora, como si se estuviera en la isla.

Fuente: La Verdad.es

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