[Diario de @elinexperto] Visita al Halloween de PortAventura – 5/10/14

Hace un tiempo tuve la oportunidad de hacer una pequeña aportación técnica acerca de equipos a presión y sistemas de bombeo para el reportaje de un parque acuático que estaba realizando ThemeParkZone.es (TPZ). A sabiendas de que desconozco este mundillo y de que sufro de un vértigo bastante acentuado, en aquel momento lanzaron la loca idea de que colaborara con ellos como «Inexperto».

¿Y por qué la opinión de un inexperto? Imagino que quizá se trate de ese ingenuo punto de vista de una persona que no está acostumbrada a los parques temáticos y que los puede disfrutar desde dos perspectivas: la lúdica, sin dejarse llevar por conocimientos de gestión, tecnicismos, comparativas, etc. y por otra parte la de esa persona que experimenta algo por primera vez, esas primeras sensaciones. Acerca de esas primeras sensaciones recuerdo que sufro de un vértigo muy acusado y, por ello, subir a una atracción a más de 10m. de altura, para mí no es sólo una nueva experiencia, sino todo un reto en el que probablemente se intensifiquen  las sensaciones… (buenas y malas) esto último creo que es lo que más gracia le hizo al equipo de ThemeParkZone.es. Aún así me he comprometido a subirme a todo lo que haga falta y a remitirles una reseña de lo vivido.

Las colaboraciones excepcionales merecen escenarios excepcionales y, por ello, el destino elegido ha sido PortAventura en Halloween, una experiencia nueva para mí en un gran parque que visité por última vez hace muchos años (ni siquiera habían construido Shambhala).

A pesar de veranear habitualmente en Salou, hacía muchos años que no había vuelto a visitar Port Aventura, sin embargo, nada mas montarme en el autobús de la compañía local Plana me sentí como en casa y es que el enrevesado recorrido de autobús no directo (tengo que aclarar que preferimos no esperar para «aprovechar» mas el tiempo) desde la estación de autobuses de Tarragona es insufrible y se hace eterno. El precio para un trayecto tan corto es igual de escandaloso que el retorcido itinerario que se desliza por las tres rotondas de acceso señalizadas con los logotipos y que ves como se acercan y alejan hasta en tres ocasiones a modo de tortura psicológica.

Tres el recorrido turístico de rigor, por fin llegamos a los aledaños del parque. El autobús nos dejó en la carretera paralela al parking de coches y autobuses, muy cerca de la esquina en la que da comienzo la avenida de acceso que desemboca en la plaza en la que se encuentran las taquillas y que está parapetada por dos muros de piedra cortos a ambos lados. Uno de los muros está decorado con logotipo del parque en relieve y el otro es liso; ambos estaban tematizados para la ocasión coronados por espirales moradas y de unos globos con cara de susto que no resultaban muy estéticos ni parecían casar con la estética de Halloween como cabría esperar. En el centro de la plaza se encontraba la fuente en la que Woody Woodpeker o El Pájaro Loco da vueltas sin cesar rodeado de agua, dándonos la bienvenida a esta nueva experiencia.

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Después de tantos años no pude evitar quedarme por un momento absorto y recordar la primera vez que vi esa fuente en la que no estaba el risueño pájaro y rememorar por un instante la excitación de un chaval que llega por primera vez a un lugar extraño y que se pone a girar la cabeza mirando en todas direcciones asombrado. Como habíamos quedado con un amigo de TPZ y el recorrido del autobús nos había retrasado bastante, no había mucho tiempo para quedarse en la parra y además teníamos idea de comer algo para coger energías que seguramente nos harán falta.

Adquirimos las entradas en una de las taquillas que se encuentran circuncidando la parte trasera de la plaza y, tras recorrer unos metros, cruzamos los tornos, nos equiparnos con los folletos en los que aparece el plano del plano del parque y los horarios y, por fin accedimos al parque.

A modo de decoración especial para Halloween, toda la zona de Mediterránea estaba colmada de cientos de arañas de fieltro en diferentes tamaños, la mayoría de ellas de unos 50 cm de ancho de cuerpo a cabeza con patas de alambre y fieltro que resultaban muy artificiales y que, sorprendentemente no producen ninguna telaraña. Me resultó un paisaje sobrecargado y rococó que no aportaba ambiente, habría agradecido menos cantidad y más variedad en la decoración. Invito a los lectores a encontrar a la genuina araña tigre peluda como si fuera un Where is Waldo?

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El resto de decoraciones de este área que prepararon para el evento consisten en varias esculturas distribuidas por la zona, principalmente calabazas de gran tamaño, una olla con esqueletos cocinándose y algunos espantapájaros botterianos. La peor de las esculturas se encuentra bajo una carpa y consiste en una grandísima calabaza Jak’o lantern con patas de araña que parecen recortadas por un chiquillo de 5 años y pegadas; no deja de parecer una mala manualidad de preescolar. Por otra parte, aplaudo la idea de colocar montones de calabazas naturales de diversos tamaños por todo el parque. También me gustó mucho la tematización de los escaparates de las tiendas y la variedad de productos dedicados a la fiesta que se podían encontrar en los lineares y las estanterías.

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Para mi sorpresa pude ver la primera atracción del parque cuyos raíles se encuentran en el lago, Furius Bacco, por suerte no se trata de una atracción que adquiera gran altura, por lo que mi única preocupación sería que los asientos se encuentran suspendidos a ambos lados de los rieles.

La avalancha de arañas te persigue durante todo el recorrido y se hace repetitiva hasta decir basta. Entre tanto arácnido y, para tener un punto de encuentro con el amigo con el que se había citado TPZ decidimos desayunar en los puestos más cercanos al acceso al parque. Tras ver que había dos menús desayuno a un «razonable» precio en Il Café di Roma, decidimos acceder al puesto: los menús consistían en un combo de café + zumo de naranja + bollería por 4’90 € o café + panini + zumo por unos 7’90 € por desgracia las trabajadoras del puesto nos indicaron que eran las 12:15 y que esos menús solo se ofertaban hasta las 12:00 y, a pesar de que intenté obtener el precio de oferta, fue imposible y tuvimos que adquirir por separado el contenido del menú sin los zumos porque los otros menú por 12’50€ incluían una ensalada, panini y bebida que, la verdad, no nos resultaba muy apetecible como primer bocado.

Javier, la persona que había quedado con TPZ se presentó justo cuando nos sentamos a desayunar y, tras presentarnos formalmente intercambió sus impresiones y novedades que se habían presentado este año tanto en el parque como entre los eventos especiales del parque. Tras desayunar entre avances acerca de la gestión, espectáculos y peculiaridades nos dispusimos a reemprender la visita.

Con los horarios en mano y en apenas cinco minutos, TPZ y nuestro nuevo acompañante organizaron el día y trazaron la ruta para poder disfrutar de la mayor cantidad de espectáculos representativos durante el día a la vez que decidían en qué atracciones podríamos montarnos sin tener que padecer previsiblemente colas excesivas. Decisión tomada nos adentramos en Polynesia, una zona que recuerdo con cariño, me encanta la naturaleza y agradezco enormemente que haya una selva llena de vegetación exótica por la que poder pasear. Otra de las cosas que adoraba de pequeño y que he conservado es el olor a fresco de las plantas y árboles y la presencia de agua.

Llegamos a la primera encrucijada, acceder al «nuevo» espectáculo, el Pasaje REC, y digo novedad porque así lo reflejaba el programa, sin embargo, a pesar de que, según me comentaron ya estaba el año pasado, habían incluido una zona dedicada al último film de la saga. Esto me chocó mucho al preguntarles a mis compañeros de aventura por las novedades y renovaciones que aparecen en el programa y desgraciadamente me constataron que el programa está plagado de estas «erratas» o inexactitudes acerca de la novedad de los espectáculos. Para colmo hay que pagar por acceder al recorrido! por favor! no es suficiente que la alimentación y artículos tengan precios desorbitados sino que aún encima cobran por el acceso al pasaje!!! indignante, independientemente de que el coste sea de 5€, cobrar por él me parece un abuso; es como si te cobraran por acceder a la discoteca pero tuvieras que pagar un suplemento para poder ver a l@s gogós… desgraciadamente cierto. En cuanto nos vendieron las entradas y no antes, la encargada de expedirlas nos avisó que la espera estaba en torno a unos geniales y repagados 45 minutos…

Mis compañeros me preguntaron si estaba interesado en entrar y tras un par de consideraciones decidí olvidarme de lo ofensivo que me parecen estas prácticas y pagué. El pasaje ha sido instalado en las instalaciones y recorrido aledaño al simulador SeaOddisey que recuerdo con mucho cariño porque amaba la serie de televisión SeaQuest en el que basaron la atracción. Mientras esperábamos pude comprobar que los fan de los parques de atracciones hablan un extraño dialecto plagado de tecnicismos indescifrables con una gran cantidad de datos acerca de gestores, fabricantes, localizaciones, Dark Ride… Intamin… Suthle Coaster…, IAPPA y como sólo dí primero de encriptación en la carrera decidí volver a mi mundo privado de ensoñaciones recordando que la primera atracción en la que monté cuando era pequeño era precisamente el TuTuKi Splash que estaba muy cerca de allí.

Por fin llegamos al acceso donde un actor ataviado con un traje de seguridad contra agentes biológicos daba las instrucciones de uso y disfrute. Me gustó ver que además del maquillaje llevaba unas lentillas de las que parece que tengas el iris ensangrentado. Halloween es una de mis pasiones y sobre todo el maquillaje de efectos especiales y he comprobado con el tiempo que, además de un maquillaje realista, los complementos que aporten a la mirada un aspecto menos humano ayudan mucho en una caracterización de este tipo. La ambientación del pasaje era bastante heterogénea e intentaba emular diferentes escenas de la saga, en algunas ocasiones había recreado los espacios bastante bien y conseguían situarte en el contexto adecuado, sin embargo, en otras ocasiones abusaban del uso de telas negras cubriendo vallas, dejando bastante que desear e intentando suplir el vacío dejando casi completamente a oscuras la estancia. Las salas de los simuladores estaban «ambientadas de esta manera para poder rodear la zona de butacas, sin embargo, solucionaron ingeniosamente la atmósfera incluyendo proyecciones de las películas en formato cine pero habría preferido ver los asientos con alguna valla o retención para evitar el acceso y que hubiesen incluido algún actor o algo de attrezzo a pesar de que no haya habido cines entre las localizaciones utilizadas en las películas de REC.

La caracterización de los actores me pareció bastante buena para la cantidad de luz que había y me encantó su predisposición y su actitud a la hora de actuar y representar el papel. Mi valoración de los actores es un 11 sobre 10 en todo el parque, en ningún momento vi a nadie desmotivado o que no se esforzara por representar su papel. Por parte de las personas que se encargan de organizar los espectáculos y la ambientación habría agradecido que les hubiesen sacado más jugo a estos actorazos y, en vez de tenerlos a la carrera cada dos por tres, escondidos en las previsibles esquinas o golpeando bidones, les hubiesen dado papeles más activos aunque eso hubiese reducido el espacio útil para los visitantes. En uno de los túneles me sorprendió gratamente el juego de humo, láser y actores (intento no spoilear).

Tras atravesar el Pasaje RECobro bordeamos la zona infantil llamada Sésamo Aventura (qué ingenioso utilizar Aventura para algunas tiendas y esta zona, me sorprende que todo lo acuático no empiece por Port…) A pesar de que muchos de los monumentos e hitos del parque son de muy baja factura, en las nuevas creaciones se ve claramente que la superficie de las figuras tienen una capa plástica fina y el interior es espuma de poliuretano que queda pelado y a la vista, amén de la falta de esmero en dar un acabado alisado a las figuras y personajes, sin embargo, agradezco mucho que haya una tematización variada a pesar de la calidad porque me parece muy importante poder imbuirse en el entorno y poder transportarte a otros lugares remotos y fantasear.

Tras pasar rápidamente por China y Mexico llegamos a la zona denominada Far West. En esta zona no sólo la tematización es abundante y bastante buena, sino que también estaba decorada para el evento Halloweendiense en la que destacaban cabezas cortadas colgadas de los árboles, pero una vez más la cantidad (igual que en el caso de las arañas de Mediterránea) empañaba la sensación que debería dar este tipo decoración porque se trataba de sólo dos modelos de cabeza colgando de todos los árboles cercanos, por lo que se veían las mismas cabezas repetidas una y otra vez, dando un aspecto más barroco y decorativo que creativo y «terrorífico». Algún maniquí poco realistas por los tejados rompía con el entorno cuidado y el resto de figuras más trabajadas.

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Allí nos acercamos al siguiente espectáculo que habían preparado para estos días en el Saloon y que tiene por nombre Vampires, que además de tener la capacidad de chuparte la sangre, también eran capaces de chuparte una consumición mínima obligatoria, pero a estas alturas se agradece el poder sentarnos resguardados del calor para tomar algo fresco. La espera estuvo amenizada por un actor vestido de BeetleChus que hacía un papel muy cómico, que resultaba muy suelto y natural, descarado y divertido, que entretuvo a todo el mundo. Tanto el vestuario como el maquillaje que llevaba eran muy buenos y su actitud y gestos inmejorables.

Vampiros es una mezcla de teatro musical con números de ilusionismo y gags humorísticos bastante gracioso, con unos muy buenos actores que tienen una buena bis cómica y, como colofón, la preciosa y potente voz de la cantante solista que canta en directo y que me impresionó gratamente, Noelia Cano. Es un espectáculo redondo. Quizá el vestuario me resultó un poco pomposo, muy brillante, sobre todo el de las bailarinas, rompiendo un poco la trama. Es muy entretenido y la mezcla queda bastante fluida, se nota que se trata de actores con muchas tablas y capacidad. Sigo pensando que lo mejor del Halloween de PortAventura son sus actores: sus dotes y actitud. La decoración del salón estaba bien a excepción de alguna pintura y de las alas de la estatua gigantesca de un vampiro zoomórfico que estaba provisto de una especie de tubos en lugar de alas que estaban muy poco trabajados a diferencia del resto de la estatua.

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Después del Pasaje de RECobro (no me cansaré de llamarlo así) le llegó el turno a otra atracción para el mes de la Víspera de Todos los Santos que era la llamada Horror en Penitence, «renovada» según el programa… La verdad es que es muchísimo peor que Pasaje RECobro porque está plagado de animatronics bastante poco naturales, estropeados y la luz penetra mucho en el espacio rompiendo la escena. Para colmo no había apenas actores y éstos tenían como cometido golpear bidones y hacer ruido con poca o ninguna suerte de poder dar ningún susto. Fue bastante decepcionante…

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Tras el mal sabor de boca, continuamos con el ciclo de espectáculos y nos desplazamos caminando hasta la siguiente área, China. Para mi desgracia esta zona, a pesar de estar bastante tematizada tal y como recordaba, no tenía ninguna alusión a Halloween.

En china pude observar más de cerca a mi némesis, Shambhala, una montaña rusa que me comenzó a poner nervioso nada más llegar porque pude comprobar su altura y la comparativa con Dragón Khan en la que ya había montado… No sólo me quedé petrificado por su imponente altura, sino que pude comprobar que la pendiente era mucho más inclinada de lo que había divisado desde lejos, así que comencé a preocuparme a partir de ese momento. Mientras estaba absorto imaginando y maquinando todo tipo de suerte de fallos mecánicos y posibles y rocambolescos accidentes en los que me vería envuelto y precipitado al vacío, los integrantes del grupo vieron el cambio de color de mi cara y me alentaron a superar mi miedo irracional a las alturas.

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Ya era la hora de comer y decidimos que el lugar idóneo para llevarnos un bocado exótico era, sin duda, este. Una vez más los precios prohibitivos me sorprendieron, por suerte mis acompañantes disponen del bono anual que permite un descuento en los puestos y restaurantes de un 10% y aún así es excesivamente caro.

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Tras el episodio de pánico silencioso continuamos con los espectáculos y nos dirigimos al Gran Teatro Imperial, dispuestos a ver el espectáculo Light Drawing. Recordaba el teatro más abigarrado e incluso me pareció distinguir en los exteriores algunas de las figuras del interior, pero puede que la memoria me jugara malas pasadas porque todo me resulta lejanamente similar, pero este tipo de detalles son muy concretos y han pasado muchos años desde mi última visita. La mayoría de los espectáculos dura media hora excepto este que dura dos años y medio… Es muy bonito, podría aventurarme a decir que incluso relajante por la combinación de oscuridad, formas suaves que se van difuminando y una banda sonora muy suave tipo chill-out… pero excesivamente monótono. Sólo hay una pantalla sobre la que la artista, que no puedo discutir que lo hace muy bien, realiza unos dibujos relacionados con la celebración de Halloween. Estos dibujos son realizados sobre una tela que reacciona a la luz negra, dejando la impronta de la luz durante unos segundos antes de difuminarse lentamente. El ambiente al principio resulta incluso mágico porque es inesperado y las texturas que obtienen mediante la exposición de la luz y el uso de sus formas, esto combinado con una versión acústica del «This is Halloween» de «Nightmare Before Christmas» es apasionante, pero el espectáculo va decayendo rápidamente por la monotonía.

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Nos alejamos rápidamente hacia el Gran teatro Imperial para ver el Rock Symphony Mistery.

Decir que este espectáculo es barroco es quedarse corto, roza el esperpento con una estética muy heterogénea donde combinan acrobacias con bicicleta, con camas elásticas, trampolines para encestar en canastas, equilibristas a pulso y columpiándose en telas, malabaristas con fuego y un sinfín de bailarines saltando y brincando al ritmo de música rock de los 80 mezclada con música clásica. Los grupos de bailarines van ataviados con vestimenta kitsch, desde el sujetador de pinchos fosforitos, las crestas punk imposibles, fosforitas también, acompañados de guantes y diademas láser, pasando por los trajes de época victoriana con complementos reconsiderados como pinchos de tela y grandes plumas para una de las protagonistas, camisetas de rejilla y pantalones de látex… Un batiburrillo escénico que funciona por separado pero en contraste entre sí algunos resultan choni hasta el extremo, cosa que me hizo mucha gracias y quizá disfruté más.

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Una vez más es todo exceso y pompa (como vaticinaban las arañas de Mediterránea), el espectáculo parece intentar centrarse en una lucha entre la música clásica y la moderna, pero se diluye ante tanta cantidad de estilos, canciones conocidas mezcladas con la actuación de una chica que parece estar haciendo cosplay y que lleva un violín…

Puedo decir que este espectáculo resulta animado y que me divertí todo el tiempo, la fórmula del exceso funciona porque te mantiene atento, consiguen sorprenderte con el «aún más todavía». Debo decir que lo único que no me gustó es que según me comentaron mis compañeros, este espectáculo debía haber tenido música en directo (uno de ellos tuvo la suerte) y la web del parque lo anuncia como tal y el pase que yo vi fue en playback. Aún así el espectáculo es muy animado y sales incluso un poco desorientado de tanta música, tantas luces, tanto exceso. Recomiendo verlo.

Más relajado, incluso demasiado, en un receso entre los espectáculos, y tal y como habían predicho, las atracciones quedaron bastante desiertas, por lo que se redujeron drásticamente los tiempos de espera y le llegó el momento a las emociones fuertes y poner a prueba mi sistema cardiovascular. Una mirada más a aquel monstruo me despertó definitivamente y TPZ decidió que debía enfrentarme primero al Dragón Khan, una montaña rusa bastante más baja y que ya había probado en el pasado, en esta ocasión no habría miedo ni experiencias «nuevas» relativamente. Mientras estábamos en la cola, Javier decidió que era bastante divertido verme mirar con ojeriza a Shambhala y comentó lo agradable que era la sensación de libertad en comparación con el Khan porque no llevaba arneses de chaleco, sino que ibas sujeto exclusivamente por las piernas… en ese momento me puse pálido y comencé a asustarme, las reglas del juego habían cambiado drásticamente: ya no se trataba sólo de la gran altura y de la pendiente pronunciadísima del mastodonte de metal, sino que no conocía ese tipo de sujeción y me pareció demasiado intenso… monté en el Dragon Khan pensando exclusivamente en lo que me esperaba después entre sudores fríos y un nudo en el estómago, incluso me concentré en medir la diferencia de altura que había entre ambas atracciones desde la parte más alta del Khan… disfruté muy poco del viaje en el dragón y me resultó muy suave porque estaba en otro mundo, tenía la cabeza en Shambhala.

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Ya en las inmediaciones de Shambhala y con el corazón a doscientos me invitaron a probar el sistema de sujeción pero no sirvió de nada, mi cara es un poema y es una lástima no disponer de un documento gráfico para ilustrar el pánico en mi cara. Es lo que tienen los miedos irracionales…

Llegó el momento decisivo, había prometido subirme en todas las atracciones que se me pusieran por delante con los compañeros de TPZ y, si por una parte tengo un miedo atroz a las alturas, puedo decir que soy una persona que intenta cumplir con sus promesas y me había comprometido con ellos y conmigo mismo. Cruzamos el torno, rogué que no nos sentáramos delante, me aconsejaron no sentarme detrás del todo y nos dispusimos tras la barrera esperando a mi monstruo particular. Mi vista no se despegó del vagón mientras ascendía esos interminables metros. Mientras tanto llegó el otro vagón y mi corazón se aceleró aún un poco más, al borde de un ataque de nervios le pasé mi mochila a mi amigo y me senté tembloroso en el asiento, empuje firmemente el arnés contra mis muslos y me tranquilicé momentáneamente al ver que quedaba perfectamente ajustado. Mi compañero se sentó ya a mi lado y trató de tranquilizarme, creo recordar que le miré con una cara de cordero degollado que no pudo más que soltar una pequeña carcajada; no me extraña, mi actitud era extremadamente infantil, que vergüenza… Sin vuelta atrás la atracción se puso en marcha y comenzó a ascender hacia aquella atalaya, yo por mi parte era incapaz de soltar las manos de los orificios que tienen el arnés para que sujetes las manos, me aferré a ellos y asustado según ascendíamos miraba en una dirección y otra. Tras un eterno pero escaso minuto llegamos a la cima y un segundo después caíamos a gran velocidad, momento en que me invadió esa sensación de ingravidez que produce un cosquilleo característico en el estómago y comencé a gritar. Debo reconocer que en cuanto superamos esa primera caída me relajé muchísimo pero no solté las manos hasta la tercera o cuarta subida, llegados a este punto la sensación de libertad y de velocidad me había invadido y me estaba divirtiendo mucho, súbitamente y cuando estaba disfrutando de lo lindo, la atracción llegó a su fin y nos bajamos.DSC00474

Pedí repetir, consciente de que la sensación de ingravidez había sido bastante agradable y que el recorrido resultaba liberador y divertido, mi único escollo era la subida, creo que por muchas veces que suba a esta atracción o a una similar, seguiré teniendo un miedo extremo a la subida a una altura de ese calibre. Esta vez superado el escollo nos situamos en la parte trasera porque, según comentaron mis compañeros la sensación de ingravidez es más intensa, sin embargo, los asientos van dispuestos de tal manera que hay dos junto situados en el centro y los pares consecutivos van desplazados a los lados, casi en el límite de la base, por lo que las vistas y sensaciones aún serán más intensas. Digo serán porque no me atreví aún a sentarme en los asientos exteriores. Tras el suplicio del ascenso solté las manos a media bajada con decisión y me divertí como un crío disfrutando de cada inclinación, de cada giro, de cada subida, de cada momento. Casi había vencido a Shambhala, seguro que nos volvemos a ver.

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Los vagones van provistos de cámara, por lo que se graba y proyecta todo el recorrido que luego se puede adquirir en el puesto de venta. El vídeo consiguió sacarnos unas grandes carcajadas en las dos ocasiones sólo de ver mi cara y gestos, un festival de caras de desesperación al principio acompañado de sonrisas y cara de satisfacción al final.

Con algo de tiempo extra aún, nos ataviamos con nuestros chubasqueros, ponchos y cazadoras impermeables y nos subimos a ANGKOR un recorrido en barca para hacer el gamberro mojándose y mojando a los demás. Debido a que la mayoría de los animatronics que expulsan agua para mojarte estaban apagados a estas horas y para desgracia de un grupo de chicas que iban equipadas con ponchos y las mochilas de los 15 años de MediaMarkt, ya que estaban celebrando algún tipo de evento en el parque, descargamos toda nuestra frustración y agua en ellas, por lo que comenzó una guerra sin cuartel entre las facciones TPZ y el equipo rojo YoNoSoyTonto que acabó con un recuento de varios litros de agua vertido, varias personas con signos de ahogamiento imaginario y muchas risas. Nos agradecieron la ducha.

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Justo antes de cenar pudimos ver a todos los actores principales y mascotas del parque desfilar hasta el embarcadero donde comenzó el espectáculo sobre el lago. A decir verdad el espectáculo se me hizo largo y aburrido: contaban una historia del trillado argumento del apogeo de los infiernos y el enfrentamiento contra el bien que representaron con una parca casi hierática sobre una balsa en medio del lago al que se le enfrentaba un personaje ataviado con un traje de leds (casi lo llamaría un traje de luces porque me resultó en ocasiones Kistch y en ocasiones retrofuturista, como si Tron estuviese luchando contra esqueleton, una combinación barroca como el resto) La proyección tenue de un narrador en una cortina de agua en el lago dio comienzo a una gesta en la que sin venir a cuento la lucha era representada por movimientos del hombre en traje de luces que se mantenía suspendido en el aire por uno de esos sistemas de chorro de agua que te elevan, toda la escena amenizada por tres motos acuáticas dando vueltas y atravesando unos ríos de fuego con alguna llamarada intermitente de fondo… una mezcla con muy poco sentido que no ayudaba a seguir la historia, sino que despistaba.

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Al final del día nuestras fuerzas habían menguado y aún quedaba el último espectáculo que consistía en otro pasaje del terror similar a RECobro pero en los espacios abiertos de la Polynesia llamado La Selva del Miedo. Adquirimos unos menús de bocadillo en las máquinas contiguas a las cajas de Cerveseria L’Estació y tuve la grata sorpresa de recibir el cambio en billetes, además de moneda, cosa que agradezco porque tenía que pagar con un billete de 50€.

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Por fin nos adentramos ya de noche en la última aventura. Debo decir que a pesar de que la espera fue de más de 40 minutos pude disfrutar como un niño de los espacios de noche, además decidí ir delante para poder divertirme y los actores interactuaron mucho conmigo, por lo que además de unos buenos sustos pude disfrutar de cada paraje oscuro, de cada actor, de cada escenario y de cada momento. Me sorprendió negativamente que una de las partes atraviesa precisamente las instalaciones del pasaje RECobro, pero esta vez de manera gratuita, por lo que me gasté un dinero por una experiencia similar.

Puedo afirmar que lo mejor que he encontrado en esta experiencia han sido los actores de PortAventura, con diálogo o sin él todos demostraron casi todo el tiempo una gran bis cómica y grandes capacidades para la interpretación y lo que es mejor, una gran actitud; se habrían merecido un maquillaje y atrezo a la altura de sus cualidades que por desgracia no tenían.

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Un abrazo desde la inexperiencia, de esos que cuando te los dan recuerdas muchas cosas buenas.

¡Feliz y terrorífico Halloween!

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